“-Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca-protestó Alicia.
-Oh, eso no lo puedes evitar -repuso el Gato-. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
-¿Cómo sabes que yo estoy loca? -preguntó Alicia.
-Tienes que estarlo afirmó el Gato-, o no habrías venido aquí.”

“Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas”, Lewis Carroll.

domingo, 11 de agosto de 2013

Flujo de Neutrones por Arthur C. Clarke.


La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá, hacia lo imposible.
Arthur C. Clarke



La vez pasada conseguí en una tiendita de libros usados un compendio de cuentos breves de Arthur C. Clarke, y dado que últimamente me sentía con ganas de meterme de nuevo a la ciencia ficción, cargue con el libro en mi cartera por dos semanas, y leí los cuentos con el traqueteo del ómnibus. Ojalá alguna vez se inventen algún tipo de transporte público mejor aquí. No solo porque la última huelga casi dejó en quiebra al estado, sino porque sería bienvenido algo como el metrobús para hacer más viables y humanos estos viajes diarios. Que digo el metrobús, se aceptan tranvías, trenes, naves voladoras o lo que sea…Dentro de dos años probablemente con tanto coche en la calle será más rápido andar en bicicleta.

Recuerdo que en el colegio mi preferido era Verne con su llamada literatura de anticipación. Amé “A la caza del meteoro”, particularmente. Luego le preste más atención a Isaac Asimov, y otros autores que llegaban a mí esporádicamente a través de relatos cortos y cuentos.

La ciencia ficción es un género literario, cinematográfico y comiquero, que describe el desarrollo humano desde los diversos puntos de vista que las diferentes ramas de la ciencia permiten, enfatizando la repercusión del progreso tecnológico en la evolución de la especie, desde la perspectiva biológica y social.

Aunque en un principio fue considerada como un subgénero elitista, luego de la segunda guerra mundial, su penetración en el gran público le valió el título de “literatura de masas”, sin sacudirse la etiqueta de “subgénero” o género menor, y con no pocos cuestionamientos a su calidad literaria.

La ciencia ficción tiene mucho en común con la literatura fantástica, y una de estas características compartidas es el hecho de que engrosa las filas de la literatura infantil y juvenil, y de que incluso, cuando se estudian los anales de su creación, se habla de orígenes tan primitivos y estrafalarios como la Alfombra Mágica en los cuentos persas o los inventos míticos de Dédalo en la imaginación grecorromana. Muchos consideran que la hazaña de este género fue reemplazar la “cosa mágica” por la “cosa científica”.

Pero para hablar en serio de la ciencia ficción hay que tener en cuenta que existen dos vertientes: la sci-fi dura y la blanda. La primera se vale del rigor científico, estructurando con mayor cuidado la “forma”  en el relato, para dar validez a la especulación dentro de parámetros verosímiles. La segunda, en cambio, se aboca al desarrollo humanista de una obra, es decir, al “fondo”, donde tiene predominancia el efecto del avance científico en los individuos de la especie o en la especie misma.  Un escritor de esta rama no necesita tener conocimientos muy profundos sobre un área específica para desarrollar su obra. Claro que un autor puede valerse de ambas categorías en mayor o menor medida para sacar partido, dependiendo de las necesidades y la coherencia de la historia. Después de todo, somos seres humanos que andamos pintando rayas con el insano deseo de cruzarlas todo el tiempo.

Aunque últimamente lo “científico” de una historia puede ser también una mera excusa para abordar el tema central, como por ejemplo, escribir sobre una máquina del tiempo, como vehículo a un punto donde se desarrollará el argumento, sin que importe mas allá de ser una herramienta, que tal vez hasta nos parezca eventual.

Arthur C. Clarke, nacido allá por 1917 en Somerset, Inglaterra, físico, matemático, astrónomo aficionado y escritor, se desarrolló dentro de la línea dura, más que nada por su misma formación científica. Entre sus obras más conocidas se encuentra la trilogía de “Rama” y “2001: Una odisea espacial” (de la que también parte una saga). Enuncio tres leyes, una de las cuales inicia este post. Y decidió, que como Newton, no necesitaba enunciar otras más.

El trailer de la película basada en la obra de Clarke.
Nop, no la vi... aun!


“Flujo de neutrones” comprende siete relatos cortos, rematados sin demasiado efecticismo, pero de forma bastante eficaz. Los tres relatos más interesantes a mi parecer son: “Cruzada”, “El cielo cruel” y “Transito a la tierra”.

En "Cruzada", podemos ver de cerca un mundo en donde el único tipo de vida que emerge no es orgánica (realmente fue mi preferido). “El cielo cruel” nos describe las peripecias que deben llevar a cabo dos científicos ante un invento que revolucionará la faz de la tierra… o bueno, la faz de los cielos, sería más correcto acotar. Y en “Transito a la tierra” presenciamos la maravilla de un fenómeno astronómico, y su terrible e inquietante costo. Las tres historias son solo puertas a la psique humana, que con sencillez escarban en nuestras creencias más profundas o más simples.

Clarke escribe con pluma segura sobre mundos fascinantes, en donde la naturaleza y la tecnología habitan en constante puja, y en donde sus personajes se desarrollan llenos de arrogancia y de confianza, tal vez excesiva, en su racionalidad. La mayoría son hombres de ciencia, acostumbrados a ver el universo a través de logaritmos. Es esa visión particular y única la que llega a nosotros, esa descripción en donde la ciencia emerge, no como una verdad redentora o mesiánica, sino como pura expresión de la ambición humana. Hay una búsqueda de la grandeza que se esconde tras los engranajes de cohetes espaciales y los cálculos de las orbitas planetarias. Aun así, los demonios de la imaginación no pueden exorcizarse, y todavía se conservan resquicios de una primitiva necesidad de aferrarse a ese costado mítico, a esa parte de nosotros que prefiere explicar lo que escapa a nuestro entendimiento con el pensamiento mágico.

Así que les recomiendo el libro, para leer en dos pestañazos. Después de todo, la ciencia ficción siempre me ha parecido una llave hacia la conciencia de nuestra especie sobre su propósito en el universo, y sobre el significado de lo que entendemos como nuestra “humanidad”, como cualidad profunda, definible por reglas que trascienden lo puramente biológico o físico.

PD: por cierto gente... les solicito cordialmente que se unan a mi en facebook y twiter, si les gusta Juego de Tronos y Canción de Hielo y Fuego, siempre habrá información, y si la verdad les tiene sin cuidado, no se preocupen, también habrá info de otras series, películas y libros que me entretengan. Un saludo... y como dicen los vendedores ambulantes que se suben a los ómnibus "gracias por su atención".