“-Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca-protestó Alicia.
-Oh, eso no lo puedes evitar -repuso el Gato-. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
-¿Cómo sabes que yo estoy loca? -preguntó Alicia.
-Tienes que estarlo afirmó el Gato-, o no habrías venido aquí.”

“Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas”, Lewis Carroll.

domingo, 14 de julio de 2013

"Orgullo y prejuicio"


"Todo es preferible a casarse sin amor"

Jane Austen.



Jane Austen siempre me ha llamado la atención, desde que una vez me topara con una de las adaptaciones de sus obras en el cine. La película se llamaba “Sensatez y sentimientos”, y me llevó a investigar sobre esta autora, de la que confieso, he leído un poco más sobre su vida, de lo que he leído sus novelas.

Hace poco me hice con un volumen de “Orgullo y prejuicio”, que junto con “Sensatez y sentimientos”, “Emma” y “Persuasión”, ha tenido adaptaciones en el cine, la televisión y el teatro. Aunque de sus seis novelas, la más popular siempre ha sido la que da título al post de hoy.

La existencia de Austen fue relativamente tranquila, aunque sus últimos días fueron consumidos por la enfermedad de Addison. Estar enferma, según sus propias palabras, era una peligrosa concesión a su “edad”. Murió joven para nuestros estándares actuales, apenas a los 41 años. Quedan registros de su padecimiento, gracias a las descripciones que llevaba a cabo en sus cartas.

De toda su prolífica correspondencia tenemos cierta idea del razonamiento con el que se guió tanto en su vida personal como en su obra. Ella dijo: “que otras plumas insistan en la culpa y la miseria, yo abandono tales temas en cuanto me es posible…” Y solo por esa frase, esta chica inglesa, nacida en una aldea de Hampshire en 1775, me empezó a caer bien.

Su estilo fue alabado por personajes y escritores famosos como Winston Churchill, Benjamin Disraeli o Sir Walter Scott. Y al mismo tiempo repudiado por escritores de la talla de Mark Twain o Charlotte Bronte. A esta última llegaron a sugerirle que escribiera con menos sentimentalismo. Más bien que escribiera como la Austen, y esto obviamente no le cayó en gracia a la autora de “Jane Eyre”.

La fecha de publicación de “Orgullo y prejuicio” está establecida en 1812 por la biógrafa Janet Graham, un año después de “Sensatez y sentimientos”. Aunque si uno googlea puede hallar algunas fechas dispares que se extienden hasta 1813.



En la novela, nos encontramos con las peripecias de las hermanas Bennet para conseguir marido y ser “colocadas” convenientemente en la sociedad de su época. No, no es que sean mercancía… aunque a la Sra. Bennet eso le parezcan sus hijas. De las cinco, la vida amorosa de Jane y Elizabeth es retratada con mayor detalle, aunque la personalidad y vivencias de las demás aderezan un poco la historia.

La novela básicamente es una comedia donde las penas no tardan mucho en disiparse y en donde la autora se recrea describiéndonos el pensamiento que tenía la sociedad sobre “los deberes” que les correspondían a las mujeres, su estilo de educación, y lo más importante, como todo esto tenía que estar dirigido a cazar un buen prospecto gracias al cual poder escuchar la marcha nupcial.

La historia es entretenida. El padre, el querido señor Bennet, escupe frases que llevan a la carcajada inmediata. No faltan los sobresaltos, y algún que otro “giro” interesante, aunque, dada la antigüedad de la obra, calcada innumerables veces ya en la ficción, aun siendo la primera vez que llega a nuestras manos, las “sabemos de todas todas”, o al menos las sospechamos.

escalpeloliterario.com

La pareja principal es la de Elizabeth Bennet y Fitswillian Darcy. Elizabeth es la más inteligente y vivaz de las hermanas Bennet, aunque a mi parecer no es tan lista como ella misma cree, o como la autora quiere hacernos creer. Dada su juventud, tiene la dosis adecuada de inmadurez que se espera, sin embargo en ocasiones se me antoja también un tanto… irritante y charlatana, aunque con respecto a esto ultimo, cualquiera puede parecerlo delante del pobre Darcy. 

Ay, Darcy, Darcy (que nunca estuvo casado con Marcy*, hay que aclarar), este personaje es uno de los mentados héroes románticos. O al menos, uno de los antecedentes más cercanos. En otros tiempos me hubiera caído como tan mal como Clooney en "Batman y Robin". Que tiene que ver? Pues nada, pero suele ser mi parámetro para los más odiados término medio. En la punta del iceberg está Heathcleaff. A ese lo odio sin medida ni clemencia. Pero esa es otra historia, que ameritaría tal vez, otro post.

La cosa con Darcy es que es mucha pompa para ocultar la innegable verdad de que es tímido. No tanto como su hermana, pero lo suficiente como para ser engullido por Lizzy. No es que le falte roce social, es que simplemente no creo que el muchacho haya aprendido jamás pues a “rozarse”, si me entienden. Creo que en la novela nunca lo cuenta la autora, pero en mi imaginación este muchacho en su vida ha tenido novia. Definitivamente no es como Wickham, personaje que aparece cerca de la mitad de la novela para sufrimiento de los protagonistas en más de un sentido. Este ha recorrido mundo, y vaya que lo han dejado recorrer.

Así que Darcy y Lizzy son totalmente opuestos. Mientras él es callado, taciturno y serio, ella es alegre, conversadora y vital. Los defectos que comparten son el orgullo, esculpido en la piedra dura que compone sus cabezas, y los prejuicios. Estos últimos nacen de su primer encuentro, de los malentendidos subsiguientes y de los chismes. Que sería la vida sin los chismes? Un erial vacío de intrigas y drama, sinceramente. Estoy tan tentada a hacer comparaciones… pero no cederé a la tentación del shipp.

Realmente el único pecado que comete Darcy es lo de joderle un poco la vida a Jane. Algo por lo que si yo fuera Lizzy, lo haría pagar… y pagar… y pagar… pero hay gente con el corazón más dulce que yo, obviamente.

Y fiel a mi espíritu de nadar contracorriente, preferí la pareja de Jane con el Sr Bingley, el mejor amigo de Darcy. Estos dos son tan buenos, que lo único malo que tienen son los demás. En especial los amigos y la familia. Una de las hermanas del Sr Bingley es como el cáncer. Además de tener el gran tino de querer rivalizar con Lizzy en amores. Ahora, que yo piense que estos dos son gente buena, no significa que los considere también idiotas. Yo los veo bastante sensatos en lo que cabe. Bastante jóvenes también, y con una excesiva confianza en el juicio ajeno. Porque qué más se puede hacer si uno confía en alguien?

Lo más interesante de la novela pasa cuando Lydia, una de las hermanas menores de Lizzy, se mete en problemas. Para la gente que no la ha leído  ni ha visto sus adaptaciones, no les cuento nada, porque es lo mejor.

Lo más aburrido, al menos para mí, ha sido el capítulo de la visita a Pemberley, hogar de Darcy. Sinceramente yo lo hubiera obviado.

La autora critica los matrimonios por conveniencia, mucho más patente en la persona de Carlota, la mejor amiga de la protagonista. Pero en una sociedad donde si una mujer no se casa termina desamparada-pues no puede heredar ni tener renta propia, solo le resta vivir de la caridad de sus familiares y casi a la buena de Dios-,sinceramente el movimiento de la Carlota se me antoja el más inteligente. No le deseo su suerte a nadie, pero no todo el mundo consigue la perdiz más gorda al final del cuento. El matrimonio Bennet tampoco es feliz, y según nos cuenta Austen, al parecer fue producto de una pasión del momento, por parte de él, y probablemente un buena cacería del lado de ella.

El ideal de belleza femenina también está presente, aunque la protagonista no es descrita como la más bella. Otra de las hermanas, Mary, es la menos agraciada de todas, por lo que a los ojos de la familia, es la que tiene menos cualidades notables. Ser fea la ha orillado a la auto marginación, empujándola hacia el interés intelectual con mayor ahínco que las demás. Para Lizzy esto no hace más que volverla más pedante y menos atractiva. Me sorprendió encontrar este cliché, que parece mucho mas arraigado en el entretenimiento audiovisual.

Hay un fragmento que me llamó la atención, sobre ciertas características que se consideran poco deseables en una mujer:

“––Y Mary King está a salvo también ––añadió Elizabeth––, a salvo de una boda imprudente para su felicidad.
––Pues es bien tonta yéndose, si le quiere.
––Pero supongo que no habría mucho amor entre ellos ––dijo Jane.
––Lo que es por parte de él, estoy segura de que no; Mary nunca le importó tres pitos. ¿Quién podría interesarse por una cosa tan asquerosa y tan llena de pecas?”

También hay una reflexión sobre el amor, la conveniencia y el buen juicio en la elección de consorte:

“––A ver, querida tía, ¿cuál es la diferencia que hay en cuestiones matrimoniales, entre los móviles egoístas y los prudentes?¿Dónde acaba la discreción y empieza la avaricia? Las pasadas Navidades temías que se casara conmigo porque habría sido imprudente, y ahora porque él va en busca de una joven con sólo diez mil libras de renta, das por hecho que es un cazador de dotes.”

Si hay moraleja en la historia es difícil de decir, se ve demasiado “conveniente” el amor sin conveniencia, dado que los amores correspondidos se resuelven entre mujeres en notable desventaja económica y social con respecto a los hombres con quienes forman pareja. Aun así vale la pena leer este clásico, muchos de sus estereotipos y prejuicios han sobrevivido al feminismo en formas insospechadas. La clave del libro es el tono alegre que nos llena de optimismo, y también su sencillez.

Pero que levante la mano quien no haya pensado que toda esta gente con tiempo de andar paseando de aquí para allá no necesitaba una buena dosis de trabajo en el mundo real, para saber lo que es bueno. En fin.

Enjoy. 

Material consultado: "Escritora inmortal" de Janet Graham.

*PD: Para aclarar, porque nadie me lo ha preguntado, Marcy era la vecina de "Casado con hijos", que contrajo segundas nupcias con un tal Darcy. Si. Marcy Darcy. Pobre mujer.